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Los auxiliares contables son aquellos que se pueden contar (la manera más sencilla de contarlos es haciéndolos pasar en fila a una habitación bien iluminada). Los auxiliares incontables, en cambio, son aquellos que forman una masa uniforme, casi siempre, viscosa y hedionda.

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Hice el curso de acompañante terapéutico (no, mentira).

Hice el curso de liquidación de haberes (no, tampoco).

Hice el curso de desfragmentación del universo, dictado por el Sr. Spock. Aunque no lo crean, Spock fuma porro.

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Tiempo atrás tuvimos un gato que no había caso de que dejara de hacer pis adentro. Se nos ocurrió predicar con el ejemplo y construimos un horno de barro en el patio para hacer pizza afuera. Funcionó.

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Si un muñeco de plastilina te propone salir a estirar las piernas, tomalo en serio.

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Una idea para después de la cuarentena: poner una heladería al lado de la casa Curutchet y que se llame Cucurutchet. No tengo plata para el emprendimiento y tampoco me ofrezco para la elaboración del producto, el diseño del local ni la gráfica porque soy verdaderamente nulo en esos menesteres, pero puedo repartir la publicidad puerta por puerta, ya que realicé con éxito ese tipo de trabajos en distintos momentos de mi vida laboral. Mi jefe me decía: “Hoy llamaron clientes de la zona que te tocó a ti” (me trataba de tú porque estábamos en Cataluña), y me premiaba con una pizza con los ingredientes que yo eligiera. También me felicitaba cuando Saviola metía un gol para el Barça, en tiempos en que al Barça de Louis van Gaal le costaba pararse en el campo de juego.

84

 

Soñé que sonaba el timbre y era Piazzolla, que quería venderme un bandoneón robado. Se justificó:

—Es robado, pero se lo robé a un hijo de puta.

—¿Quién sos?, ¿el Robin Hood del tango? —le contesté y le cerré el postigo en la jeta. Lo que me faltaba.

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Cuando era chico me decían que en el Día del Amigo se conmemoraba la llegada de Tarzán a la luna, y no podía imaginarme a Tarzán sin la mona Chita.

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